A FUERZA DE LEER A TOLKIEN ... EL ORGULLO DEL NIÑO QUE, AUN SIGUE MUY DENTRO DE MI ... COÑO!! PERO DE VERDAD MUY DENTRO, COMO DIJO DYLAN THOMAS: HE OIDO EL CONTAR DE MUCHOS AÑOS, Y MUCHOS AÑOS TENDRÌAN QUE ATESTIGUAR UN CAMBIO. LA PELOTA QUE ARROJÈ CUANDO JUGABA EN EL PARQUE ... AUN NO HA TOCADO EL SUELO.Este cuentito lo escribì en un ratito que me desprendì de mis trabajo obstinante y vulgar, para explorar en mis recuerdos mi viejos años de cuentos de hadas, castillos, dragones y espadas, para mi querida niña Piyiyi, hija menor de Nube Gorda, que bien, podrìa tener varios apelativos màs (Pablo de Backyardigans o Chava, de Las Tontas no van al cielo ... etc) espero que le guste y que su maestra no la vaya a agandallar por mi culpa, si no, es piche pseudopedagoga va a conocer personalmente al dragòn Barbacoa.
Pd. cualquier falta de cualquier indole que encuentren se debe a que lo publico sin re-leerlo por falta de tiempo y exceso de hueva.
LA PRINCESA ALMIBAR.
CUENTO INFANTIL.La noche se cubrìa por mil nubes oscuras que nos daban el mensaje velado que nada
bueno podrìa presagiar su presencia. Almíbar, la dulce princesa cabalgaba a toda
velocidad, con su pequeño hermano Ate, heredero de la corona de chocolate del reino
de Dulcilandio, la joven princesa que apenas habìa cumplido los catorce años, catorce
dìas antes, habìa recibido como regalo de su aniversario una pequeña y reluciente
espada de turròn endurecida de màs de mil y un capas de caramelo y esa misma noche
la habìa estrenado al enfrentarse a los fieros demonios de malvavisco, que la rodearon y
se interpusieron a su paso cuando trataba de alcanzar la ùnica salida por la que podìa
conseguir el escape del pequeño rey. En el fondo, su padre el Rey Centeno y la Reina
Avena, seguìan luchando con su puntiagudas lanzas de pirulì, cubriendo el escape de
sus hijos, pero bien sabìan que esta heroica acciòn solo podrìa detener a los demonios
de malvavisco por pocos minutos y serìa la astucia de su hija Almíbar, lo ùnico que
podrìa dar un soplo de esperanza al reino que estaba a punto de ser dominado por la
malvado brujo Agrisalado.
Agrisalado, antiguo consejero del rey Centeno, cobrò ira sobre el soberano cuando este
detuvo la guerra con sus vecinos, los Dorados, por unos terrenos de cultivo de caña de
azùcar que durante siglos fueron el hogar del peligroso dragòn, Barbacoa, que con los
años se fue ablandando a tal grado que al final permitìa que la gente de ambos reinos
tomara la caña de su tierras sin problema alguno. Uno de tantos dìas, los niños de reino
de Dulcilandio y Dorados, que acostumbraban jugar entre las cañas, se precataron que el
dragòn, ya no exhalaba humo por su nariz, y, a pesar de que se veìa con tanta paz que
parecìa estar dormido, los niños sabìan que su amigo se habìa ido para siempre.
Fue entonces que los hombres y mujeres de ambos pueblos comenzaron a saquear la
caña sin responsabilidad alguna terminando con el campo en pocos dìas. Cuando ya no
quedabada nada del fruto, los monarcas de ambos reinos se reunieron. El rey Crocante,
soberano de Dorados, con mil augurios trato de quedarse con todo el territorio negando
la oferta de Rey Centeno, que pensaba que lo mejor era sembrar las tierras entre los dos
pueblos y repartir la cosecha en cuanto esta diera frutos, asì comenzò la guerra.
Agrisalado, peleo codo a codo con el Rey Centeno, en peligrosas batallas, hasta que
poco a poco fueron arrinconando al ejercito Dorado en las puertas mismas de su reino,
los Dorados estaban mermados, dèbiles y hambrientos, ellos guardaban la esperanza que
el príncipe Frito, llegarìa a ayudarlos, pero este nunca apareciò para desgracia del reino
Dorado, fue en esa ùltima batalla, en las puertas mismas del reino que, Crocante, al
frente de sus hombres, le pidiò a Centeno, terminar de resolver la batalla en un duelo
entres ambos reyes, no era necesario para el monarca de Dulcilandio ya era màs que
obvio que todo habìa terminado, pero la nobleza de corazòn y el valor del rey frente a
todos su hombre que con tanto ahìnco y fiereza se presentado a tantos dìas y noches de
guerra le hicieron aceptar el reto frente a los comentarios rapaces de Agrisalado, que le
pedìa la sangre aceitosa de Crocante.
Ambos monarcas iniciaron la lucha con lanzas, de pirulì era la de Centeno, de
chicharrón la de Crocante, vacilaron y se midieron con los primeros impactos, Crocante
se lanzo a fondo y desarmò a Centeno, que con valor y destreza logrò llegar hasta la
lanza del Dorado y en una lucha de fuerza, arrebatàrsela, lanzàndola al lago de
chocolate, el duelo ahora fue con espadas, ahí la ventaja desde el principio fue de
Centeno, era diestro con el arma y se decìa que la milearia espada que baldía, fue el
primer utensilio que tocò su cuerpo al ser usado para cortar el cordòn umblical que lo
unìa a su madre Dulce, ahora, uno con esa espada, giraba en torno a su enemigo
contando tres: uno, asombràndolo, dos: desarmàndolo: tres: derribàndolo. Una vez que
Crocante estuvo en el suelo, Centeno colocò su espada en su cuello, el reino de
Dulciladio, pedìa la cabeza de Centeno, mientras que sus ciervos Dorados, escondìan la
cara para no ver la muerte de su monarca.
Centeno gritò con fuerza y autoridad: Este es el fin de la guerra, pero no el fin de un
hombre valeroso. No es cobardìa aceptar la derrota y te ofrezco que te levantes y
acordemos la distribución justa de ambas tierras.
Crocante, tambièn hablò con decisión, como el hombre valiente que siempre habìa sido,
pero, aun cubierto de ojos por la avaricia: Las tierras del dragòn barbacoa, son tuyas y
de tu reino, no serè yo quièn venga a pelearlas de nuevo, eso serà en otros tiempos, que
tal vez, yo no verè. Con esto el rey Crocante se levantò, miro a Centeno, con una mirada
que denotaba vergüenza de si mismo frente a un mejor hombre que èl y caminò sereno
hacia donde el sol se ponìa, dispuesto a perderse para siempre en el horizonte.
Los soldados Dorados, cabizbajos, se fueron a su pueblo, mientras que los Dulcilandios,
gritaban y bailaban, fue entonces cuando se acerco Agrisalado, a Centeno.
-Ahora es el momento mi señor, la dèbil cabeza de Los Dorados ha caìdo, ya son
nuestras las tierras del dragòn, estamos en las puertas de un reino de hombre cansados y
hambrientos, acabemos con ellos y quedèmonos tambièn con todo esto.
- No, Agrisalado, eso no va a pasar, estos soldados que pelearon con tanto valor no
merecen ser aniquilados por la espalda, mi palabra està empeñada y mi victoria
suficiente para que en las manos de mis hombres no corra màs sangre, ellos siempre
fueron gente amiga que hacia fiestas y verbenas con los nuestros en las tierras del
dragòn ¿por què habrìa de hacerles daño si se han rendido?
- Porque ganamos la guerra, majestad, y al vencedor le toca todo lo que era del vencido.
El moncarca miro con tranquilidad y sabiduría a ese brujo que màs bien parecìa un lobo,
por su forma de andar agazapada, su vestimenta negra y su mirada rapaz.
- Esa no es el tipo de guerra que yo ganè, Agrisalado, esta guerra, desde el principio
solo tenìa una meta. La paz.
El brujo, comenzò a escupir espuma por la boca de tremendo coraje que era incapaz de
contener en su interior, Centeno, lo mirò enojado dàndose cuenta de sus verdaderas
intenciones, El brujo, en el màs ruin acto de hipocresía, se contuvo de pronto, y sonriò
al monarca, pero ya era demasiado tarde y èste hablò si titubeos.
“Si perdonè la vida a mi enemigo abierto, tambièn lo hago con el encubierto, vete de
aquì, no quiero volver a verte, ya que yo, solo perdono la vida una vez.”
El brujo lo miro con odio desmedido y le gritò frente a todos sus soldados, que su
reinado estaba pròximo a terminar, que èl conjurarìa a todos los demonios de
malvavisco y cubrirìa con una enorme nata de leche a todo el reino. Los soldados, al
escuchar tal insolencia hacia su rey, pretendieron enfrentar a malvado brujo, pero èl con
un hábil movimiento de sus manos y dos palabras màgicas se convirtió en buitre y saliò
volando sin que nadie pudiera detenerlo, solo la amenaza de èste nuevo enemigo, quedò
flotando en el cielo que comenzaba a enrojecerse por la partida del sol. Los soldados de
Dulcilandio, quedaron triste y preocupados, con la moral por lo suelos, temìan a ese
poderoso hombre que antes fue su aliado. El rey de nuevo tomò la palabra y le dijo que
no se preocuparan por Brujo, què como èl, todos sus soldados eran valientes y que no se
dejaran estremecer por dos palabras bien timbradas, que era una realidad, que cualquier
dìa ese brujo iba a aparecer, pero cuando lo hiciera, todos mostrarìan el mismo valor
que ahora para enfrentarlo, que mientras tanto, gozaran de la victoria contra los Dorados
que tanto les habìa costado. La sonrisa volviò a la expresión de todos los hombre que
volvieron al reino hacièndola brillar como el filo de sus espadas y fueron recibido como
lo que son: hèroes. La reina Avena, sentìa una opresión en el pecho de recibir a su
amado rey, y la princesa Almíbar, sonreìa emocionada la vuelta de su padre, en cuanto
llegò el rey con una mirada severa, no jubilosa por la victoria, mucho menos temerosa
por todos los horrores que viò en el campo de batalla, abrazò a su mujer, sintiendo de
nuevo todo el amor que por años habìa tenido por esa mujer y recibiò la mejor de la
noticias: La reina Avena, estaba esperando un hijo, que, en caso que fuera varòn serìa el
futuro rey de Dulcelandio, en caso que fuera varòn se llamarìa: Ate.
Pero, la venganza del malvado brujo Agrisalado, no tardò mucho en llegar y a los pocos
meses que naciò el príncipe Ate, se introdujo al castillo ayudado por las sombras de la
noche con su ejercito de demonios de malvavisco, con el ùnico propòsito de robarse al
nuevo heredero y con esto, no solo romperles el corazòn a su padres, sino, tambièn,
romper con la decendencia heroica que por siglos habìa reinado en Dulcelandio.
Almíbar –Grito Centeno, que luchaba con valor contra los demonios de malvavisco-
toma a tu hermano y huye con èl, mantelo con vida, ya que èl es el heredero de todo este
reino.
La pobre niña no atinaba que hacer, el miedo se apoderaba de ella y apenas habìa
alcanzado su espada para enfrentar el embate de los demonios, a pesar del ardor con que
se desarrollaba la batalla, la princesa Avena, tuvo la suficiente calma para hablarle con
cariño a su pobre hija, que bien sabìa, morìa de miedo.
-Hija, eres la ùnica esperanza, no solo del reino, sino tambièn de tu indefenso hermano,
tu eres grande y fuerte, has sido educada para gobernar y vencer, anda Hija, toma a tu
hermano y sal de aquì.
Fue cuando Almíbar logrò vencer el miedo que mantenìan sus pies sujeto al suelo,
corriendo entre las ráfagas de chocolate ardiendo y los golpes mortales de las hachas de
obleas de los demonios. Su hermano, a pesar de ser tan solo un bebè, era muy pesado
para sus delicados brazos, de pronto, muy cerca de ella mirò el viejo casco de su abuelo
trigo, valiente conquistador de las tierras en que ahora se ergìa el reino de Dulcelandio,
que se iluminaba con luz propia, dudò por un segundo, era muy grande para su pequeña
cabeza, pero era su ùnica esperanza. Al tocarlo, sintiò una brisa fresca dentro de ella, se
diò cuenta que era liviano, se lo puso al instante y el panorama fue otro, vio
perfectamente la forma en que tenìa que salir de la habitación real, enfundò su pequeña
espada, tomò a su hermano y corriò con el a toda velocidad, saliendo ilesa rumbo a las
caballerizas donde algodón, su brioso pony negro la esperaba, relinchando de furia de
ver como los demonios seguian a su ama. Algodón, salto la cerca y relinchò de una
manera tan especial que Almíbar, comprediò en el acto y se patinò por la caballeriza,
cubriendo con su cuerpo a su hermano con el suyo, mientras que el pony se colocaba de
espaldas para patear a los demonios que fueron al suelo dolidos por la fuerza de los
cuartos traseros de Algodón, Almíbar, subiò al Pony y ambos salieron a toda velocidad,
seguidos muy de cerca de los demonios de malvavisco montando ratas de coladeras de
enormes colmillos.
Los demonios estaban prontos a darle alcance, las ratas pretendìa lanzarse sobre pony
que bien sabìa que no podìa ceder ya que las pròximas vìctimas serìa Almíbar y Ate,
pero todo esfuerzo era vano, ya sentìa los colmillos muy cerca de sus patas, Almíbar,
estrecho con fuerza a su hermano, apresò al pony con sus pierna lo màs fuerte que pudo
y soltò las riendas para tener una mano libre y sacar su espada para enfrentar a los
demonios, el pony entendiò perfectamente la idea de Almíbar y se detuvo de pronto,
patinando con sus dos patas delanteras, quedando de frente a las ratas y a los demonios,
Almíbar bajo y se acercò a una árbol muerto, que al sentir el terror de la niña volviò a
sentir que la savia de la vida corrìa dentro de èl tomando con sus ramas al niño y
levantàndolo lo màs alto posible, Almíbar, apenas tuvo tiempo de tocarlo para darle las
gracias, cuando sintiò a sus espaldas el olor de las ratas y los demonios que ya estaban
demasiado cerca, se lanzò el primer demonio que Algodón volviò a recibir con una
sonora patada, luego una rata que descargaba su furia bladiendo sus garras sobre el
casco brillante de Almíbar y recibiendo una descarga de su espada en la garganta, se le
fueron encima sin darse cuenta los demonios que no podìa contener, Algodón
relinchaba con fuerza tratando proteger a su ama, pero ya las ratas estaban encima de èl
y poco podìa hacer por la niña que sin temor alguno, seguìa enfrentando a los demonios,
fue justo cuando Almíbar, escuchò un fuerte silbido y tras el relinchar de un caballo que
parecìa que contestaba a los de Algodón, un brioso corcel dorado alzado en sus dos
patas traseras, mordìa y golpeaba a las ratas, para que el pony pudiera salir y una espada
diestra que solo zumbaba, encontraba eco en los cuerpos de malvavisco de los
demonios, que fueron cayendo uno a uno, hasta que pudo descubrìr los ojos claro
cubiertos por una negra cabellera, que se movìa al compàs de la espada. Al terminar con
todos los demonios, se acerco a ella y le ofreciò su mano para que se levantara.
gracias al cielo que lleguè a tiempo – le dijo – espero que se encuentre bien su majestad.
El extraño hizo una cortes reverencia como cualquier plebeyo ante una princesa y luego
se presentò:
-mi nombre es Frito, soy el hijo de Crujiente, el rey de los dorandos y su màs rendido ciervo su majestad.
Almíbar, impresionada de estar frente al hijo de sus antiguos enemigos, hizo la misma
caravana, para agradecer.
-còmo no soy nadie para rogarle que se levanta su majestad, me pongo yo tambièn de
rodillas, mi nombre es Almíbar, princesa del Reino de Dulceralandio y agradezco su
ayuda, sino fuera por usted …
Ni lo diga princesa – interrumpiò Frito al sentir que su agradecimiento iba màs allà de
lo que su nobles labios podìa expresar, pero, esto dejò en el joven principe, la clara idea
de lo sencilla y noble de sentimiento que era la bella princesita.
De pronto el árbol, bajò al joven Rey, Almíbar le contò a Frito, la traiciòn de Agrisalado
y el miedo que tenìa de que a sus padres les hubiera pasado algo, por su parte Frito, le
contò que una tormenta habìa impedido su paso por los mares de cola y no habìa podido
llegar a comandar los ejercitos que combatirìan al rey Centeno, pero que recibiò un
mensaje donde le platicaban que a pesar de haber perdido la guerra y haber vencido a su
padre, el Rey Centeno, se habìa portado como un caballero y le habìa perdonado la vida
a èl y a todo su ejercito, es por ello que tiene una deuda eterna con su padre y que va a
hacer todo por salvarlo a èl y a sus hijos.
El príncipe Frito, sale a toda velocidad con la intenciòn de enfrentar al malvado brujo. A
pesar de la insistencia de Almíbar de acompañarlo, Frito, le dice que lo mejor es que
ella se quede cuidando al futuro rey ya que èl depende el futuro del reino, es cuando ella
le pide de nuevo al árbol que suba al niño y Algodón y ella se quedan vigilantes.
Frito llega a la guarida de Agrisalado, hay demonios de malvavisco por todos lados, asì
que corta una del deposito de chocolate con que hacen sus armaduras para proteger lo
bofo de su contenido y suave, cunde la alarma y, el principe, entra sin ser descubierto,
dentro, descubre a la mayorìa del ejercito de Centeno, apresado y encadenados, nada
pueden hacer por su monarca, en cambio, Agrisalado, sigue produciendo mortales
monstruos de Malvavisco y su ejercito es casi indestructible, solo que a todos ellos les
falta la cubierta y ahora, son presa fácil para los soldados, el príncipe, corta las cadenas
de los briosos soldados que al sentirse libres se lanzan sobre los monstruos y a falta de
armas, comienza a morderlos con furia deboràndolos sin dejar rastros de ellos. Frito,
sigue adelante trabajosamente para no dejarse ver, hasta que encuentra al rey Centeno y
a la reina Avena, que estàn encadenados, es cuando un par de monstruos con cubierta de
chocolate, le caen encima, la pelea comienza y suena la señal de alarma, Frito lucha con
valor, pero, nada puede hacer contra todos los enemigos que le rodean y se tiene que
rendir siendo apresado al igual que los reyes y la mayoria de los soldados de
Dulcelandio, que son descubiertos por los monstruos ya con la oscura armadura puesta.
Almíbar, sigue, junto al árbol, montando guardia, el pony se comienza a poner
nerviosos y siente la presencia de otros animales peligrosos, son lobos de madera
hambrientos que ha percibido el olor a carne fresca del bebè. Almíbar y Algodón se
preparan para la lucha, el árbol se estira lo màs posible para que el niño no sea
alcanzado, inicia la batalla, pero son demasiados lobos y entre varios logran desarmar a
Almíbar, justo en el momento que aparece un hombre harapiento con una enorme
espada y los ahuyenta dàndole muerte a tres, cuando se acerca a la muchacha para ver si
està bien, èsta, se da cuenta que el vagabundo valerosos no es otro que el rey Crocante,
que se da cuenta de las reales personas que ha salvado. Almíbar le cuenta todo, justo
cuando se aparece el caballo de Frito, prueba inequìvoca que èste, ha sido atrapado o
muerto.
Crocante, regresa a su reino de Dorado, y prepara a su ejercito para ir a enfrentar la
fuerzas malignas de Agrisalado, por desgracia, no consigue a todos los hombres que
necesita, pero aun asì, sale a enfrentarse a los monstruos de Malvavisco, justo cuando va
a iniciar la batalla y se muestra le enorme supremacía de Agrisalado, aparece lo que
resta del ejercito del rey Centeno y se ponen a las ordenes de Crocante. La batalla
comienza y un joven soldado del ejercito de Centeno logra franquear las murallas y
entrar a liberar al rey Centeno, que a pesar de su debilidad y la de sus hombres,
mantienen el valor para salir a la batalla y ayudar a sus compañeros que por fin logran
vencer a Agrisalado.
Los reyes, la reina y el príncipe, Frito van a buscar a Almíbar y los jóvenes sellan su
unión y con ella la fraternidad de ambos pueblos para toda la enternidad.
Fin.
SALUDOS.